Encontrar un pequeño bulto en la piel de nuestro perro puede no parecer importante. Algunos desaparecen, otros permanecen durante años sin causar problemas y otros necesitan ser estudiados.
El problema es que a simple vista no siempre podemos saber de qué se trata.
Los tumores cutáneos son relativamente frecuentes en perros, especialmente a medida que envejecen, y pueden ser benignos o malignos. Por eso, ante la aparición de una masa o un cambio en la piel, lo importante no es entrar en pánico, sino prestar atención y consultar cuando sea necesario.
¿Qué son los tumores cutáneos?
Los tumores cutáneos son crecimientos anormales de células que aparecen en la piel o en los tejidos que se encuentran debajo de ella.
Pueden ser benignos, es decir, no invadir otros tejidos ni producir metástasis, o malignos, cuando tienen capacidad de crecer de forma más agresiva e incluso extenderse a otras partes del organismo.
Existen muchos tipos diferentes de tumores cutáneos en perros y no todos tienen el mismo aspecto.
Por eso, el tamaño, el color o la forma de un bulto no permiten determinar por sí solos si es benigno o maligno.
¿Qué señales podemos pasar por alto?
Hay algunos cambios que los propietarios pueden descubrir mientras acarician, cepillan o bañan a su perro, pero que a veces se consideran poco importantes.
Un bulto nuevo
Es probablemente una de las señales más evidentes, pero también una de las que más se tienden a observar durante un tiempo sin consultar.
Puede tratarse de algo benigno, pero cualquier masa nueva merece ser vigilada y, especialmente si persiste o cambia, valorada por un veterinario.
Un bulto que está creciendo
Aunque inicialmente sea pequeño, si una masa aumenta de tamaño, cambia de forma o empieza a resultar más evidente, conviene revisarla.
No significa necesariamente que sea maligna, pero un cambio en el tiempo es una información importante para el veterinario.
Una herida que no termina de curarse
Una zona de la piel que se irrita, forma una costra o parece una pequeña herida y no mejora como cabría esperar también debería ser valorada.
No todas las lesiones persistentes son tumores, pero una alteración que no evoluciona normalmente merece atención.
Una zona que sangra con facilidad
Si una lesión sangra repetidamente, especialmente sin que exista una causa clara, es recomendable consultar.
Cambios en una masa que ya existía
No debemos fijarnos únicamente en si aparece un bulto nuevo.
También es importante observar si uno que ya conocíamos cambia de tamaño, textura, color o forma, o si empieza a producir molestias.
El perro se lame o se rasca una zona concreta
Una lesión puede provocar picor o molestias y hacer que el perro insista en lamerse o rascarse una determinada zona.
Sin embargo, este comportamiento también puede tener muchas otras causas, como alergias, infecciones o parásitos.
Pérdida de pelo alrededor de una lesión
Una zona localizada sin pelo o con un aspecto diferente al resto del manto puede ser otra señal que conviene observar.
De nuevo, no significa necesariamente que exista un tumor: existen numerosas enfermedades dermatológicas que pueden provocar pérdida de pelo.
¿Todos los bultos son tumores?
No.
En un perro pueden aparecer diferentes tipos de masas o lesiones que no tienen por qué ser cancerosas. Por ejemplo, pueden existir quistes, inflamaciones, acumulaciones de grasa u otras alteraciones.
El aspecto externo no siempre permite diferenciarlas.
Por eso, cuando encontramos un bulto que nos preocupa, no es recomendable intentar determinar qué es únicamente tocándolo o mirándolo.
¿Por qué es importante revisarlos?
Porque algunos tumores pueden parecer pequeños o poco preocupantes al principio.
Una valoración veterinaria permite estudiar la lesión y decidir si es necesario realizar alguna prueba. En algunos casos puede recomendarse una citología, que permite analizar células obtenidas de la masa; en otros, puede ser necesaria una biopsia u otro tipo de estudio.
El procedimiento dependerá de las características de cada lesión.
¿Dónde pueden aparecer?
Los tumores cutáneos pueden aparecer en diferentes zonas del cuerpo.
Por eso es recomendable aprovechar momentos habituales, como el cepillado, el baño o las caricias, para revisar de forma general la piel del perro.
No hace falta realizar una inspección exhaustiva cada día. Simplemente, estar familiarizados con el aspecto habitual de nuestra mascota puede ayudarnos a detectar cambios.
¿Hay perros con mayor riesgo?
La probabilidad de desarrollar determinados tumores aumenta con la edad, aunque también influyen otros factores, como la genética y las características individuales del animal.
Por eso, en perros mayores es especialmente importante prestar atención a la aparición de nuevos bultos o cambios en la piel.
Una revisión a tiempo puede marcar la diferencia
Encontrar un bulto no significa que nuestro perro tenga cáncer.
De hecho, muchas masas cutáneas pueden ser benignas. Pero tampoco es recomendable asumir que un bulto es inofensivo simplemente porque es pequeño, porque no parece molestar al perro o porque lleva tiempo ahí.
Si aparece una nueva masa o una lesión cambia, crece, sangra, se ulcera o provoca molestias, lo más prudente es consultar con el veterinario.
Conocer la piel de nuestro perro también es una forma de cuidarlo
Las caricias, el cepillado y la peluquería pueden convertirse en buenos momentos para observar la piel y detectar cambios.
Un bulto no siempre es motivo de alarma, pero sí es motivo para prestar atención.
Cuanto antes se detecte una alteración y se determine qué es, antes se podrá decidir si necesita tratamiento, seguimiento o simplemente control periódico.


