La artrosis es una de las enfermedades articulares más frecuentes en perros, especialmente a medida que envejecen. Sin embargo, no es un problema exclusivo de los perros mayores: también puede aparecer en animales jóvenes debido a problemas articulares, lesiones o determinadas características físicas.

A veces los cambios son tan progresivos que pueden pasar desapercibidos. El perro no necesariamente empieza a cojear de un día para otro. Simplemente puede dejar de hacer algunas cosas que antes hacía con normalidad.

Pero, ¿qué es exactamente la artrosis y cómo puede afectar a su vida diaria?

¿Qué es la artrosis en perros?

La artrosis es una enfermedad degenerativa que afecta a las articulaciones.

En una articulación sana, los extremos de los huesos están recubiertos por cartílago, que ayuda a que se muevan de forma suave y reduce la fricción.

Con la artrosis, este cartílago se deteriora progresivamente y se producen cambios en la propia articulación. Esto puede provocar dolor, inflamación, rigidez y una disminución de la movilidad.

Por eso, un perro con artrosis puede seguir caminando y haciendo vida aparentemente normal, pero determinadas actividades pueden empezar a resultarle más difíciles o incómodas.

¿Por qué aparece la artrosis?

La edad es uno de los factores más conocidos, pero no es el único.

La artrosis puede aparecer como consecuencia de diferentes situaciones, entre ellas:

  • Envejecimiento: con el paso de los años, las articulaciones sufren un desgaste progresivo.
  • Lesiones o traumatismos: una lesión articular previa puede favorecer la aparición de cambios degenerativos.
  • Problemas de desarrollo: determinadas alteraciones articulares, como la displasia de cadera o de codo, pueden favorecer el desarrollo de artrosis.
  • Sobrepeso: un exceso de peso aumenta la carga que soportan las articulaciones y puede contribuir a su deterioro.
  • Conformación corporal: algunas características físicas y determinadas razas presentan mayor predisposición a ciertos problemas articulares.

Por tanto, un perro joven también puede desarrollar artrosis, especialmente si existe una alteración articular previa.

¿Cómo afecta la artrosis a la vida diaria de un perro?

Aquí es donde muchas veces podemos empezar a notar los cambios.

Un perro con artrosis puede continuar teniendo ganas de estar con su familia, comer, jugar o salir a pasear, pero algunas actividades pueden resultarle cada vez más difíciles.

Por ejemplo:

Le cuesta levantarse

Puede tardar unos segundos más en incorporarse después de haber estado tumbado, especialmente tras dormir o descansar durante bastante tiempo.

Ya no quiere subir o bajar escaleras

Las escaleras pueden exigir un esfuerzo importante a determinadas articulaciones. Un perro que antes las utilizaba sin problema puede empezar a evitarlas.

Salta menos

Puede dejar de subir al sofá, saltar al coche o realizar otros movimientos que antes hacía habitualmente.

Pasea de otra manera

Quizá camina más despacio, se cansa antes o necesita hacer paseos más cortos.

En algunos casos aparece cojera, aunque no todos los perros con artrosis presentan una cojera evidente.

Juega menos

Puede seguir interesado en jugar, pero abandonar antes o evitar determinados movimientos.

Busca más descanso

Un perro que antes estaba continuamente activo puede pasar más tiempo tumbado o cambiar sus rutinas.

¿Por qué a veces parece que el perro no tiene dolor?

Los perros no siempre muestran el dolor de una forma evidente.

Es posible que un animal con molestias articulares siga comiendo, moviendo la cola y mostrando interés por su entorno.

Por eso, cambios aparentemente pequeños pueden ser importantes.

Por ejemplo, si un perro que antes subía al sofá deja de hacerlo, tarda más en levantarse o ya no quiere dar paseos tan largos, no deberíamos asumir automáticamente que “se está haciendo mayor”.

En ocasiones, lo que ha cambiado no es simplemente su carácter, sino su comodidad al moverse.

¿Qué articulaciones pueden verse afectadas?

La artrosis puede afectar a diferentes articulaciones, aunque es frecuente encontrarla en:

  • Cadera.
  • Rodillas.
  • Codos.
  • Hombros.
  • Columna.

Los signos dependerán de la articulación afectada y de la gravedad del problema.

¿Se puede prevenir?

No siempre es posible evitar que un perro desarrolle artrosis, especialmente cuando existen factores genéticos o alteraciones articulares previas.

Sin embargo, sí podemos cuidar algunos aspectos que ayudan a proteger sus articulaciones.

Mantener un peso adecuado es especialmente importante. Un perro con sobrepeso somete a sus articulaciones a una mayor carga, por lo que controlar su condición corporal es una parte fundamental del cuidado articular.

También es recomendable mantener una actividad física adecuada a su edad, condición y características. El objetivo no es que un perro con problemas articulares haga ejercicio intenso, sino encontrar una actividad que le permita mantenerse activo sin sobrecargar las articulaciones.

Además, las revisiones veterinarias permiten detectar problemas articulares y cambios en la movilidad antes de que sean demasiado evidentes.

¿Qué se puede hacer si un perro tiene artrosis?

La artrosis es una enfermedad degenerativa, pero tener artrosis no significa que el perro tenga que dejar de disfrutar de su vida.

El tratamiento debe adaptarse a cada animal y puede incluir diferentes medidas según su situación: control del peso, ejercicio adaptado, fisioterapia y rehabilitación, modificaciones en el entorno y, cuando está indicado por el veterinario, tratamiento farmacológico u otras opciones.

Lo importante es valorar al perro de forma individual y controlar el dolor y la movilidad.

Pequeños cambios que pueden marcar la diferencia

Cuando un perro tiene problemas articulares, algunas modificaciones sencillas pueden hacer que su día a día sea más cómodo.

Por ejemplo:

  • Colocar una superficie que no resbale en las zonas donde camina habitualmente.
  • Facilitarle el acceso a sus lugares de descanso.
  • Evitar saltos innecesarios.
  • Adaptar la duración y la intensidad de los paseos.
  • Mantener una cama cómoda y adecuada.
  • Vigilar su peso.

No se trata de impedir que el perro se mueva, sino de adaptar su entorno y actividad a lo que necesita.

Entonces, ¿cuándo deberíamos consultar al veterinario?

Si notas que tu perro ha cambiado su forma de moverse, evita escaleras o saltos, tarda más en levantarse, camina con rigidez, cojea o ha reducido su actividad, es recomendable consultar con un veterinario.

Estos signos no significan necesariamente que tenga artrosis, pero sí pueden indicar que existe algún problema musculoesquelético que conviene valorar.

La artrosis puede cambiar algunas cosas, pero no tiene por qué quitarle calidad de vida

La artrosis puede hacer que un perro tenga más dificultades para realizar determinadas actividades, pero detectar el problema y adaptar sus cuidados puede ayudarle a mantenerse activo y cómodo durante mucho tiempo.

Observar sus rutinas es una de las mejores formas de detectar cambios. Porque a veces la primera señal no es una gran cojera, sino algo tan sencillo como que nuestro perro ha dejado de hacer algo que antes hacía todos los días.